Quiero volver.

Quiero tener energías -porque sé que tiempo podría hacerme- para volver a escribir. Me encantaría tener 2 o 3 entradas por semanas, ¡imagínate!

Hay tanto que contar, cosas que suceden con mi hijo, conmigo, con la vida, día a día, pero la rutina me ha costado cara. Nos ha costado cara. Dentro de unos días el marido vuelve a trabajar, dando por finalizado nuestro periodo de postnatal. No tenemos jardín hasta agosto, quizás. Mi mamá viajará para ayudarnos; para estar con su nieto y regalonearlo en todo lo que pueda. Me encanta la idea, pero a la vez me da lata “usar sus servicios” sin poder ofrecerle mucho más a cambio que las puras gracias. Cuando se tenga que volver, no sé qué haremos con el crío y con nuestras vidas hasta que empiece el jardín. Pero ya se verá, hemos decidido tomar un problema a la vez, y el resto por el camino, porque si no, no aguantamos el día a día.

Mi Snoopy ha empezado a caminar distancias cortitas; de entre medio metro y unos dos y medio, dependiendo de sus planes y de lo concentrado que esté. Verlo equilibrar esa cabezota es ¡¡lo más tierno que existe!! Tiene un sentido del humor increíble, muy marcado para un bebé de apenas un año y medio mes, burlándose y haciendo cosas graciosas según con quien esté.

Su cumpleaños fue lindo, sencillo y bien acompañado, con visitas de Chile incluidas (mi hermana y mi papá). Mi niño, para sorpresa de todos y decepción de algunos, no comió torta con todo el cuerpo, sino que se limitó a embadurnarse las manos con la crema, comer un poco de bizcocho, y vamos a probar lo demás de la mesa. Come de todo. No mucho, pero de todo. Todo lo quiere probar, todo le gusta. Excepto la palta, que siempre la prueba y escupe mirándome con cara de “¿¡qué xxxx es esto!?”. En eso no salió chileno.

Le encanta Frozen, y admito que hemos abusado de “Let it go” y de “In summer” más de lo debido, sobre todo en los largos viajes en auto que nos tocan por esto de vivir en el campo.

Gran parte de su vocabulario consiste en “baa”s y “maa”s, pero logra comunicar lo que quiere y lo que no de forma tan clara, que por más que uno quiera es difícil hacerse el tonto.

 

Mi trabajo me tiene agotada. Sigo amando el área, y por un lado me encanta la idea de continuar y desarrollar mi futuro profesional en ese campo; estudiar, etc. Pero por otro lado estoy tan colapsada con siempre tener una fecha límite para esto, o para lo otro, es como que no me deja respirar y es cierto que en cualquier trabajo hay siempre objetivos y fechas que se deben cumplir, pero siento que por más que me esfuerce no llego nunca al punto donde debería estar, o donde quisiera estar, y antes podía simplemente dedicar un sábado a trabajar a full y el lunes llegar sintiendo que “tengo control” pero ahora, con hijo, no es así de simple, y sigo arrastrando cosas, y estrés, y agotamiento físico y mental, y eso me ha estado afectando a su vez en la casa; porque no es tan fácil desconectarse de la pega cuando sientes que estás atrasada con TODO, y ando con menos paciencia, menos energía, siendo menos “yo”.

Feliz limpiaría baños con tal de llegar a casa y poder olvidarme del tema y dedicarme al 100% a Snoopy, y a mi marido, y a mí misma, pero nuestra economía actual está basada en el sueldo que tengo ahora (que no es precisamente excelente, pero es bueno) y por supuesto está la parte donde el marido dice “eres demasiado inteligente para trabajar limpiando baños”. Y claro, tiene razón, pero bien podría ser la mejor limpiadora de baños y no se me secaría el cerebro ni nada. A lo más se me oxidaría. Pero es verdad que cambiar de rubro a algo así me llevaría en la dirección contraria a la que quiero. Porque obviamente quiero crecer profesionalmente. La pregunta es en qué área.

Ya hace años había descartado la posibilidad de encontrar trabajo como Bioingeniero, porque vi que mis estudios valían poco menos que nada sin una red de contactos (por eso iba a tomar el magister, pero después encontré trabajo en esto otro…). Igual hace unos meses postulé a un puesto en el área bio, que era maravilloso y me hizo llenarme de ilusión porque era la empresa de mis sueños, que de paso tiene oficinas en mi comuna y ¡en Chile!, y escribí una postulación fantástica, de la cual por primera vez me sentí orgullosa, porque sabía sé que tenía algo bueno que ofrecer. Nada. Ni una entrevista de pre-pre-pre selección. Ni una llamada de ándate a la chucha. Y eso que estaba sobrecalificada.

Entonces al parecer mi área de desarrollo será en la que trabajo ahora, y tengo muchos deseos de estudiar -igual me da un poco de miedo la idea de estudiar en noruego, pero sé que podría sacarlo adelante. Pero no sé si seré capaz por lo mismo que decía antes, que estoy tan agotada y tengo tan poca energía para todo, así como estoy, que ¿es más estrés, más ocupaciones y más obligaciones realmente lo que necesito? ¿Más gastos? ¿Menos tiempo en casa? No tengo respuestas.

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Yo soy Susana

  • Soy madre del ser humano más maravilloso que la vida ha puesto en este planeta.
  • Soy chilena oriunda de Talcahuano, aunque viví gran parte de mi vida en lo que ahora es la comuna de Hualpén.
  • Soy inmigrante con residencia permanente en Noruega, país al que he llegado a amar como propio con sus cosas buenas y malas.
  • Soy emigrante de Chile, país al que extraño con dolor.
  • Soy trabajadora de una pequeña empresa noruega, en la que siento que hago muy poco, aunque soy consciente de que siempre, siempre, tengo demasiado que hacer.
  • Soy mujer en edad fértil que ama su cuerpo por todo lo que es y por todo lo que ha logrado (en especial por dar vida sin morir en el intento), y que ama su mente porque ha sabido resurgir de las cenizas aún cuando parecía que todo en este mundo le había fallado.
  • Soy esposa de un hombre grandioso al que admiro por su capacidad de reinventarse en su amor por nosotros.
  • Soy intolerante a la leche de vaca, y aunque tengo mucho cuidado de utilizar alternativas más sanas -y tolerables- como leche de soya u Oatly, no me resisto tan fácilmente a un buen pedazo de queso.
  • Soy leo en los signos del zodiaco, y fiel representante del mismo, según los seguidores de esas tendencias.
  • Soy veinteañera en la frontera de los 30.
  • Soy hermana de un gran ingeniero y de una pronta-a-ser excelente psicóloga, a los que desearía poder abrazar al menos una vez a la semana.
  • Soy hija de dos profesores que han sufrido todo lo malo del rubro en el país, sin llegar a perder la pasión por la educación en todas sus formas.
  • Soy una licenciada, graduada y titulada en Bioingeniería que nunca ha trabajado en eso, y que poco a poco va perdiendo la pasión por aquello que algún día me hizo suspirar.
  • Soy trilingüe (aunque actualmente el inglés se me queda un poco corto y tiendo a mezclar idiomas y a confundir el idioma del interlocutor en situaciones bi- o trilingües).

Soy una mujer que sabe lo que vale, una madre chilena inmigrante en Noruega de 29 años, amante del queso, esposa trabajadora trilingüe con educación universitaria, hermana de profesionales e hija de buenos profesores maltratados por el sistema, que día a día va tratando de compatibilizar los diferentes aspectos de su vida; y  que está dispuesta a sacrificar el trabajo que adora con tal de tener más tiempo con mi hijo amado.

Algo que se me olvide?

Cosas que quiero esta Navidad

Se me ocurrió hacer una lista de cosas (materiales) que quiero para esta Navidad. Algunas son relacionadas con la celebración misma (decoraciones, por ejemplo), otras son cosas que nada tienen que ver. En realidad, podríamos decir que son cosas que quiero y punto, pero dejémoslo como “de Navidad” para ajustarnos un poco a las fechas. Me voy a permitir ser un poco banal, ¿por qué no?.

  • Este blazer de Zara:

Lo necesito!! Lo necesito!!

  • Alguno de estos dos vestidos, también de Zara. Curioso porque la ropa de Zara nunca me ha llamado mayormente la atención pero empecé a mirar la página ya que hace poco se abrió una tienda en Stavanger y wow! enamoramiento total 🙂

Hermosooo este es mi favorito

…aunque este tampoco me vendría mal…

  • Quiero hacer un árbol de Navidad de fieltro, muy sencillo, y decoraciones lindas y suaves, con velcro en el árbol y en las decoraciones, para que Snoopi pueda jugar y decorar a su manera, sin riesgo de que se tire el árbol encima o se pinche los ojos con las ramitas… o ambas. La idea viene de Pinterest:
Ejemplo 1 – Dos dimensiones
Ejemplo 2 – Tridimensional
Ya tengo elegidos colores y patrones para las decoraciones que quiero!! Espero de verdad que me alcance el tiempo y las energías para hacerlo 🙂
  • Esta lámpara para el living:
Hermosa!
  • O quizás esta, que en realidad iría mejor con la del comedor que es esta.
Igual linda pero no me termina de conquistar

La lista podría seguir eternamente pero la dejaré ahí por ahora.

Cuatro meses junto a ti.

Cuatro meses desde que nos vimos por primera vez, mi niño. Cuatro meses de aprendizaje mutuo, de algunas lágrimas juntos, de errores que poco a poco voy mejorando. Cuatro meses de amarte con locura, de aprender cada detalle de tu cuerpo chiquitito, de ver cómo creces a pasos agigantados, de maravillarme con la naturaleza que ha permitido a mi cuerpo recibirte, acunarte, darte a luz y nutrirte desde mayo del año pasado y hasta la fecha.

Es increíble lo maravilloso que eres. Es increíble poder alimentarte de mi cuerpo, poder amamantar y ver cómo eso es suficiente para que crezcas sano y fuerte. Me siento, soy, afortunada de tener la cantidad de leche que tengo, aunque al principio me asustaba no tener control sobre lo que parecía cascadas de líquido blanco. Soy una afortunada, una bendecida por poder hacerlo por ti.

Eres un bebé muy tranquilo, lloras muy poquito, generalmente no más que un pequeño llantito cuando me demoro mucho en sacar la teta para que tomes (más de 20 segundos, que tranquilo y todo eres bien impaciente), y por lo mismo aún tengo grabado en el corazón el llanto desgarrador de cuando recibiste tus primeras vacunas. Me encantaría quitarte ese dolor, mi niño, tanto el pasado como el que vendrá, pero ya comprenderás que es mucho mejor un par de pinchazos cada cierto tiempo, que el riesgo de que te me enfermes.

Siento que hay una especie de magnetismo entre nosotros. Una fuerza, un lazo, una conexión, una energía. Es difícil describir, pero es que siento que tu cuerpito pequeño pertenece en mi pecho. Esa sensación la conecto con el concepto de la exterogestación, de que aún fuera de mi útero, tú y yo seguimos conectados y dependientes uno del otro. Sí, yo también dependo de ti, de tus sonrisas, de tus caricias, del sonido de tu respiración cuando duermes sobre mí… en general de tu existencia.

Siendo extremadamente subjetiva, eres el bebé más lindo que ha llegado a este mundo. Siento objetiva también opino lo mismo, y tu padre está de acuerdo. Tu sonrisa… aún no te ríes a carcajadas, pero tu sonrisa es tan maravillosa que ni hacen falta sonidos. Creo que eres un bebé feliz. Así te llamo a veces y sueles responderme con una sonrisa aún más grande, así que creo que sí, que eres feliz. Ya te he dicho muchas veces que esa es mi meta para ti; que lleves una vida que, ante todo, te haga feliz.

Esto de la maternidad se me ha dado mucho más fácil de lo que imaginaba. Por supuesto ayuda que tú seas como eres, y aunque aún me siento débil físicamente, mi espíritu va en alza día a día; porque diariamente trato de ser una mejor mamá para ti. Sé que no todo es perfecto; sobre todo en las mañanas cuando sé que lo que necesitas es que te sobe la espalda y tenga paciencia de tus movimientos bruscos, porque es cuando te atacan los gases y sólo tratas de hacerlos salir, y yo trato y trato de entretenerte con el chupete para poder dormir 5 minutitos más. Créeme que es algo que estoy en proceso de mejorar, pero mis ritmos circadianos son bastante obstinados y cuesta, aunque cada vez un poquito menos.

Te encantan las lámparas. Aunque estén apagadas, te quedas hipnotizado mirándolas, y a veces hasta les sonríes. Cuando tenías apenas un par de días de nacido te maravillaba la escalera, pero ahora no te llama mayormente la atención.

Duermes toda la noche, mi niño. Te acuestas entre las 20:30 y las 21:15 (rara vez estás despierto después de esa hora, no importa lo intranquilo que hayas estado antes, las 21:15 es tu “barrera”) y, aunque a veces te muestras intranquilo alrededor de las 3 am, no es sino hasta las 5 de la mañana (preciso!) cuando pides leche nuevamente.

Te acostumbraste a ir a dormir después de haber tomado leche de ambos pechos. Es la costumbre que más rápido has adquirido; una vez bastó probar y ya no necesitaste nada más. Duermes en tu cuna pegadito a nuestra cama, pero he adquirido la costumbre de dejarte durmiendo con nosotros después de alimentarte a las 5. Tú no lo necesitas, pero es que dormir junto a ti me hace sentirme completa. Eres una parte de mí. Eres lo más maravilloso que ha salido de mí, eres una manifestación viva de todo lo que tu padre significa para mí, y lo que yo significo para él. Pero, mi niño, eres también mucho más que eso.

Quiero acompañarte en cada uno de tus logros, y estoy ansiosa por cada cosa nueva que te espera, del mismo modo que quisiera congelar el tiempo para que siempre quepas en mis brazos… Ya lo dije, pero es que cuando estás en mis brazos me siento completa.

El día de la madre se celebró hace unas semanas en Chile. Realmente no es algo a lo que le vea gran relevancia desde el punto de vista celebrativo, pero debo admitir que se me humedecieron los ojos cuando temprano en la mañana despertaste, enderezaste tu cabecita, me miraste a los ojos y me sonreíste con una sonrisita cerrada de oreja a oreja que no te había visto antes, ni he vuelto a ver. Es el mejor regalo no esperado que me pudiste haber dado en ese día.

Quiero criarte con apego. Eso es lo que trato de hacer, pero día a día debo luchar con mi propio egoísmo, con la burbuja que tiende a cerrarse alrededor de mi cabeza cuando estoy cansada, y por ejemplo, te niegas a dormir una siesta aunque estés aún más cansado que yo. Lucho día a día con mis propios vacíos, con los errores que cometieron mis padres, con los errores que cometieron los padres de tu padre. Es que quiero para ti algo mejor que la mejor de las versiones de nuestras infancias combinadas. Quiero lo mejor para ti, y eso me da fuerzas para querer ser cada día una mejor versión de mi misma. Y cuesta, porque no es fácil ser responsable al 100% de un ser humano tan pequeñito, y a veces simplemente no hay más fuerzas físicas y dan ganas de parar 5 minutos y no se puede, y siento que ya no queda nada de mí en este cuerpo que te cambia pañales como hipnotizada, y lamento tanto eso, lamento sentirme aún débil físicamente, lamento flaquear y a veces no tener energías suficientes para hacer todo lo que podríamos hacer, pero a cambio de eso trato de darte todo el amor que pueda, y si hay algo que tengo, que siento por ti, es amor. Y espero nunca darte motivos para dudar cuánto te amo, ni cuan valioso eres para mí.

Gracias, mi niño, por enseñarme, por darme la oportunidad de equivocarme y por querer aprender conmigo. Hemos pasado por momentos difíciles juntos (sobre todo en la parte de lactancia) pero hemos salido victoriosos juntos. Tu padre y yo aprendemos más contigo, cada día, y estamos ansiosos por ver qué más nos enseñarás.

¡Si tuvieras idea, mi amor, cómo quiero descubrir el mundo junto a ti!

De sangrados, ICP, HELLP, Pre eclampsia y cómo Snoopy llegó a nuestras vidas – Parte VII

Ya parece mal chiste. Mi hijo va a cumplir 4 meses y yo aún no logro sacar adelante el último post de esta saga interminable para el lector. En fin, que aquí va, ya sin mucho detalle porque la memoria es más frágil de lo que parece.

Como dije en el post anterior, pasé de sentirme bien a sentirme un poco menos bien. Pensé que sería efecto de salir del hospital, el sentimiento me recordaba a salir de la casa luego de un par de días enferma, en mi infancia. Como que las luces eran muy brillantes, los sonidos lejanos, pero demasiado fuertes. Como salir de una burbuja. Pero fue bueno, muy bueno llegar a casa. Compartir con mi hermana y mi mamá ya sin todo el estrés del ir y venir, del riesgo inminente pero invisible en que pasé las últimas semanas, y lo mejor de todo, disfrutar a mi bebé maravilloso que nos tenía a las tres embobadas (al padre también, por supuesto).

El 27 en la noche me sentía particularmente cansada. Pensé, nuevamente, que se trataba de un efecto natural de despertar cada dos horas o menos para alimentar y mudar al niñito, así que no le di muchas vueltas. Pero esa noche, del 27 al 28, algo pasó. No recuerdo los detalles; creo que fue entre una de las veces que luego de cambiar paños, dejé a Snoopy en su cuna y volví al baño para hacer pipí, o lavarme las manos, o qué sé yo. Parece que para tomar paracetamol, porque tengo claro que no me sentía bien. La cosa es que al volver al dormitorio, Steffen estaba en mi lado de la cama, que es donde está la cuna, cuidando al bebé, que probablemente se había quejado (hasta el día de hoy, sólo llora en muy contadas ocasiones; él se queja cuando quiere algo). Y yo no tenía fuerzas para esperar a que Steffen se volviera a su lado, así que me metí a la cama en el lugar que había disponible. Y de ahí no desperté hasta el otro día. No reaccioné cuando mi hijo despertó nuevamente por hambre, no reaccioné cuando mi marido se levantó a calentarle la leche -que afortunadamente me había extraído para controlar la producción descontrolada que tuve la dicha de conseguir-, ni cuando me habló para tratar de hacerme reaccionar, si es que lo hizo. Al otro día me bañé, recuerdo, y a pesar de que la casa estaba altamente temperada, me puse el chaleco más grueso que tengo. Y ahí empezó mi cuerpo a hacer fiebre. Tan mal me sentía, que pude yo misma detectar y aceptar que tenía fiebre, llamar a Steffen para que comprara un termómetro (generalmente trato de hacerme la fuerte e ignorar los síntomas) porque necesitaba saber qué pasaba con mi cuerpo; había algo que simplemente no estaba bien.

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Enfeeeerma

La primera medición fue de algo más de 38°C. Me fui a dormir una siesta para ver qué pasaba, pero seguía con frío; el cuerpo seguía trabajando en elevar la temperatura corporal. Luego de dormir como 3 horas con ropa, envuelta en mi bata de levantarse y con ambas frazadas, la del marido y la mía, nueva lectura: 39,1°C, si la memoria no me falla.

Steffen llamó a la enfermera de la familia y, aunque yo me seguía oponiendo, a urgencias. Ya estaba oscuro cuando salimos, con mi bebito de apenas 5 días de nacido y bajo una lluvia suave pero abundante. Creo que eran alrededor de las 7 de la tarde, pero son detalles que en realidad no me valió la pena recordar. En la oficina de urgencias de Sandnes me tomaron la presión, hicieron muestras de orina y de sangre, palpación abdominal, etc. Un montón de cosas. La médico que me atendió supone una infección por restos de placenta, no me pregunten cómo se llama eso porque no me acuerdo. Algo con K??? Llama a la unidad de ginecología en el hospital de Stavanger, me deriva allá.

Vamos al hospital de Stavanger, caminamos interminablemente hasta la unidad de ginecología -el hospital es enorme, sobre todo cuando tienes fiebre o tienes que cargar con un bebé en su innecesariamente pesada silla de auto-. La llegada no nos alivió mucho; en la pura pasada vemos que ya hay dos mujeres hospitalizadas en el pasillo. No quiero ser la tercera. Tras una espera de al menos 2 horas, por fin nos pueden atender (aunque en el intertanto me tomaron la presión, muestras de sangre, orina, etc). La ginecóloga, muy profesional, me hizo millones de preguntas y, además, llamó a la misma ginecóloga que me había dado el alta en el lado de maternidad, que al parecer tiene más experiencia, y entre las dos me revisaron el útero y vieron que todo estaba bien; no había placenta ni indicaciones de infección en la zona. Sin embargo, todos mis síntomas mostraban que sí tenía una infección y el diagnóstico fue nada más y nada menos que “sospecha de infección”. Tratamiento: hospitalización con monitoreo constante de presión, temperatura y respuesta inmune en la sangre, antibiótico a la vena y supositorios para bajar la fiebre.

¿Lo bueno? Por haber estado recién parida no tuve que quedarme en ginecología; sino que me dieron una pieza en maternidad, donde pude quedarme con Snoopy. A pesar de los antibióticos, que me tenían asustada por su bienestar, al menos estaríamos juntitos los dos, y podía seguir amamantando y teniéndolo cerca, como ambos necesitamos. Dato curioso, matrona o enfermera que pasaba por nuestro lado nos miraba con pena y preguntaba: “¿otra vez aquí?” o algo por el estilo.

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Padre e hijo despidiéndose

Esa noche me bajó lo que acá llaman barseltårer, que no es otra cosa que una extrema sensibilidad producto del ajuste hormonal, que según dicen le pasa a todas las mujeres un par de días después de parir. No sé si tendrá algún nombre en español, si alguien lo sabe, que me informe por favor. Pero bien, me bajaron las lágrimas y prácticamente no podía dejar de llorar. Por tener que quedarme en el hospital, por tener que tomar antibióticos que aunque no fueran peligrosos igual se le iban a transmitir a mi hijo, por tener que quedarnos ahí sin Steffen, por separar a Steffen de su hijo, por… todo. Afortunadamente me tocaron muy buenas matronas (en realidad todas son geniales; sólo una en toda mi experiencia hospitalaria fue no-extremadamente-amable) que ya me conocían de mis estancias anteriores y comprendieron mi situación; me “animaron” a dejar todo salir, nos atendieron muy, muy bien.

Así que ahí me quedé, con mi bebé recién nacido, sin poder parar de llorar y con una aguja inyectándome antibióticos, mientras la tecnóloga médico me tomaba muestras de sangre (unos tubos magistrales para hacer cultivos, que en total hacían como un litro, yo creo), de leche, de la sangre que me salía del útero y quizás de algo más, pero ya no me acuerdo. Cuando nos quedamos solos con mi bebé, y despertó para que lo amamantara, me miró con sus ojos grandes, miró alrededor –las luces detrás de mí- y me miró nuevamente con una expresión como diciendo: – “¿Otra vez aquí?”. Pobrecito.

El día 29 yo seguía triste, pero mucho mejor de salud así que mi ánimo era de todas maneras diferente. Mi amiga J me fue a visitar, Steffen pasó el día conmigo. Una de las enfermeras, o quizás era matrona, ya me entran las dudas, muy maternal, logra ver lo desanimada que estoy y me dice que va a hablar con la doctora. Como mi tratamiento es cada 12 horas, en la mañana y en la noche, y no soy infecciosa ni hay riesgo para mí, a su ver no es fundamental que esté en el hospital todo el tiempo. Dice que tratará de conseguirme un “pase” para salir por un par de horas. Lo consigue (si algún día lees esto, ¡gracias, gracias de verdad!). Nos reunimos todos, mi mamá, mi hermana, los abuelos de Steffen, mi cuñado, mi suegra y nosotros 3, donde mi suegra. Comemos lasaña y, a pesar de que aún no me siento en un 100%, es maravilloso estar ahí. Volver al hospital y repetir el proceso de la noche anterior se hace menos difícil. Los resultados de los exámenes están también cada vez mejor. Vamos por buen camino.

Desayuno del segundo día, con mi hijo acompañándome.
Desayuno del segundo día, con mi hijo acompañándome.


Al día siguiente, el 30, me dan el alta, con receta de antibióticos suficientes para eliminar las bacterias del tracto intestinal de una cabra. No llegué a enterarme en qué parte de mi cuerpo tenía infección (me dieron el alta antes de darme los resultados de los exámenes), pero como ya me podía ir a casa, no me interesaba mucho. Y nos fuimos para la casa por fin, mientras yo juré y re juré que no volveré a pisar ese hospital ¡en un par de años al menos! Y, afortunadamente, hasta hoy así ha sido.

**Cosas buenas que sucedieron mientras estuve en el hospital:

[1] Snoopy “aprobó” su examen auditivo en ambos oídos; antes había tenido problemas con un lado producto del líquido amniótico.

[2] Durante los controles de presión observaron que mis niveles habían vuelto a la normalidad y me suspendieron la medicina contra la presión con que me habían dado el alta la segunda vez.

De sangrados, ICP, HELLP, Pre eclampsia y cómo Snoopy llegó a nuestras vidas – Parte VI

De ahí todo se junta en una gran burbuja de amor. Los tres juntitos, ambos padres embobados con el recién nacido, el recién nacido expulsando parte del meconio sobre la flácida panza de mamá, mamá pidiendo mirar la placenta sólo porque me dieron ganas de ver cómo era el órgano que nutrió a mi hijo durante todo ese tiempo. Todo se me hace hermoso de recordar, aunque supongo que la imagen mental que quien lo lea se debe estar haciendo –entre meconios y placentas- no es la más linda. Luego del alumbramiento y las diversas reparaciones que tuvieron que hacerme luego del parto, que afortunadamente no fueron muchas, se llevaron a mi bebé para medirlo, pesarlo y revisar que todo estuviera bien con él. Según leí antes, esto ocurre luego de 2 horas del nacimiento, pero sinceramente no tengo ni idea de cuánto tiempo pasó, supongo que para mí el tiempo se detuvo. Haciendo memoria, sé que tratamos de amamantar en el transcurso de esa hora, pero mi bebé no logró agarrarse apropiadamente. Dijeron que intentaríamos nuevamente más tarde.

Mientras Snoopy era revisado por el personal, me sacaron las diferentes mangueras y agujas que entraban y salían de mi cuerpo, y me ofrecieron/recomendaron intentar orinar. Yo acepté más que nada porque quería aprovechar de bañarme en la misma vuelta. La misma matrona que estuvo conmigo durante la última parte del parto, me ayudó a levantarme y caminar hasta el baño. Ahí, traté con gran esfuerzo de retomar control de mi vejiga sin resultados. Cuando ya me di por vencida y me puse de pie…**Despierta. ¿Quién soy? No veo nada. ¿Dónde CRESTA estoy? Recupero consciencia de mi cuerpo. Alguien me abraza. ¿Estoy borracha y se me apagó la tele? ¿Quién me abraza? ** Y todo volvió a mí. Mi primer desmayo de la vida, justito después de parir. Quién lo diría. Afortunadamente la matrona había entrado conmigo al baño (supongo que no es inusual que las recién paridas tengan episodios como este) y su rápido actuar evitó que me hiciera cualquier tipo de daño; cuando volví en mí ya había apretado el botón de emergencias y más personal, además de una camilla, esperaban por mi justo fuera del baño. Dijo la matrona que no estuve inconsciente por más de 20 segundos, tendré que creerle porque no tengo ni idea. Yo me sentí completamente bien una vez instalada en la camilla (considerando el efecto del parto, por supuesto) y pude experimentar por primera vez ser llevada en camilla, una experiencia interesanteJ. Llegué de vuelta a la habitación, entonces, en vehículo, ante la sorpresa y preocupación de mi maridito. La matrona me recomendó esperar hasta el día siguiente con el baño. Como no tenía ganas de partirme la cabeza contra el suelo, me pareció una buena idea. La verdad no estoy segura de sí nos trajeron de vuelta a Snoopy antes de que fuera al baño, o después, pero pronto después de mi desmayo nos llevaron al séptimo piso.

Nuestra idea original, antes de que toda esta aventura empezara, era quedarnos los tres en el hotel del hospital; que es lo habitual para nacimientos/partos sin riesgo. Sin embargo, como el mío NO fue un parto sin riesgo y necesitaba monitoreo constante para asegurarse de que mis niveles de todo volvieran a la normalidad, la idea quedó descartada de plano. En realidad eso no era un problema, la única desventaja es que, como seguía en el hospital propiamente tal, el marido no se pudo quedar conmigo. Como él también estaba cansado (fue un “coach” excelente, fundamental en la buena experiencia de parto que tuve), se vino a casa a dormir, con la promesa de regresar con mi mami y mi hermanitaJ.


Las horas entre que Steffen se fue y volvió se fueron en dormir un poco, tener mucho contacto piel con piel con mi bebé, y sobre todo tenerlo pegado a la teta –por algo empecé a producir colostro en la semana 16; ¡Era hora de ponerlo a buen uso!-. También recibí visita de mi suegra, que andaba en el hospital acompañando a su mamá (bisabuela de mi hijo), que estaba delicada de salud. Al rato volvió el marido con mamá y hermana a conocer al nuevo integrante de la familiaJ.

Yo ese día me sentía cansada, adolorida, pero considerando todo, bien. El segundo y el tercer día, 24 y 25 de enero, me sentí genial. Esos días se fueron principalmente en amamantar, amamantar, cambiar un par de paños, amamantar más, aprender cómo bañar a un bebé de forma rápida, segura y efectiva, amamantar, amamantar y… ¿ya dije amamantar?. También revisión médica y screenings para el bebé, conversaciones con la matrona, tomas de sangre y presión para la madre. Lo único “malo” de esos días fueron las muchas contracciones de esas postparto, dolorosas e incómodas.

El día 26 ya estaba desesperada por volverme a casa. Demasiadas noches lejos del marido, demasiadas noches en el hospital. Increíble lo mucho que se extraña la casa, la cama propia. A pesar de que ya tenía mis rutinas bien armadas y que me movía por los alrededores con total comodidad. ¡Mi casa es mi casa! Ese día me sentía un poco desganada, pero supuse que sería parte del efecto del par de noches que llevaba amamantando seguido y de querer irme a casa.

Para la hora que Steffen llegó a visitarme, y mientras esperábamos por el visto bueno de la doctora para darme el alta, me sentía afiebrada, y sentía el pecho derecho a punto de reventar (creo que coincidió con el día en que me bajó la leche, pero no estoy segura). Le expliqué a la matrona, y me enchufó inmediatamente en una bomba extractora de leche.

Me sentí un poco mejor, me dieron el alta, nos fuimos a casa (yo semidesnuda, ya que en el apuro descerebrado que invade a veces a mi marido, este se llevó en un primer viaje al auto no solo lo que le pedí que se llevara sino también mi ropa de calle y hasta mis zapatos), pero paramos en el camino para comprar una bomba eléctrica; ya me había dado cuenta de que la necesitaría.

 

De lo que no me había dado cuenta es que mi aventura en el hospital no había terminado ahí…


 

De sangrados, ICP, HELLP, Pre eclampsia y cómo Snoopy llegó a nuestras vidas – Parte V

El proceso de inducción fue simple.

 

13:00 – Una tableta insertada vaginalmente. Espera de 4 horas con monitoreo fetal y de contracciones.

17:00 – Primera tableta oral. Nuevamente monitoreo, espera de dos horas.

19:00 – Segunda tableta oral. Monitoreo y espera.

 

**El proceso normal consiste en la tableta vaginal más 4 tabletas orales, una cada dos horas. Si esto aún no induce el parto, se procede a utilizar medicinas más fuertes que van directo a la vena.

 

Sin embargo, con la segunda tableta o pastilla, ya mi cuerpo respondió. Empezaron las contracciones regulares y frecuentes, aunque yo aún no sentía dolor. Lógicamente, no necesité el resto del tratamiento normal de inducción.

 

El registro en fondo gris muestra mis contracciones 🙂

 

Me transfirieron a la unidad de maternidad clínica. Linda sala, a pesar de no ajustarse a mi plan original, me hace sentir cómoda. Es acogedora, no se siente ni fría ni demasiado clínica.

 

El Parto.

 

**He escrito esta parte de forma bastante íntima y con bastante detalle, para mi registro personal – usted tiene el derecho de no leerlo si así lo prefiere**

 

Una vez instalados con nuestras cosas, me empiezan a revisar. Cerca de las 00:00 deciden romperme la bolsa para acelerar el proceso. Lo hacen con una especie de crochet largo que al verlo me da escalofríos. Decido confiar en la experiencia de las matronas y, por supuesto, no siento nada más que el líquido amniótico correr cuando ya el paso está dado, con monitor instalado en la cabeza del bebé incluido. Lo que se me viene a la cabeza es: -“Dios, ¡qué manera de haber líquido ahí dentro!”.

 

Entonces, y con 3 cm de dilatación, empezaron las contracciones con dolor. Nada del otro mundo, pero se dejaban sentir, pero gracias a buenas cantidades de gas de la risa, no fue tan terrible. De todas maneras agradecí al cielo cuando fui informada de que, por ser un caso de riesgo, se me iba a administrar la anestesia epidural sí o sí, y que eso sería muy pronto. Pregunto por un enema, me dicen que hay tiempo para eso, que no me preocupe.

 

A las 01:00 del 23, el médico anestesista me puso la vía en la espalda, en lo que se sintió como una eternidad tratando de mantenerme quieta entre contracción y contracción. Afortunadamente no fue doloroso, ya que antes de hacerlo me administraron anestesia local. Igual al médico le costó encontrar el punto, dijo que yo era un poco más baja de lo que él está acostumbrado (esto de ser minoría étnica :P).

 

A las 1:30 de la madrugada ya tenía 4 cm de dilatación, y con la epidural haciendo efecto, el viaje de las horas siguientes fue un lindo paseo en el que pude dormir, relajarme y juntar energías para lo que se venía.

 

A las 3:40 ya tenía 7 cm de dilatación, pero no estaba dilatando de forma pareja así que me recomiendan voltearme al lado que estaba menos dilatado para ayudar a “emparejar”. Esto ni idea si funcionó en su objetivo, pero sí sirvió para que la epidural “se me fuera para un lado” y me dejara el lado que tenía en altura con contracciones que no me hicieron llorar sólo porque no me dejé. Afortunadamente, nada que un “shot” de epidural no pueda arreglar. De acuerdo al monitor, y a mi pierna no-drogada, mis contracciones están vueltas locas. Pregunto nuevamente por el enema, pero me dicen que ahora estoy demasiado dilatada y ya es muy tarde. ¡Diablos!, pienso. Pero bueno, obligada a tomarlo como venga, y mientras mi bebé salga bien de ahí, poco más me importa qué suceda allá abajo.

 

A las 04:25, de acuerdo a los registros de Steffen, me pusieron un catéter de orina, luego de tratar infructuosamente de orinar.

 

De todas maneras, a las 07:44 me llevan al baño para tratar de evacuar lo más posible. Para entonces las contracciones ya no hacen caso de la epidural, y como la sensibilidad en toda mi mitad inferior es casi nula, me ayudo de las contracciones para tratar de vaciar las tripas. Me quedo en el baño hasta que ya no aguanto las contracciones. Vuelta a la habitación, en eso ya han hecho cambio de turno y la matrona que me acompañó durante todo el proceso se ha ido. En un principio no me gusta, pienso que quizás la que llegaba no iba a ser tan buena (la primera era un amor, me sentí muy en confianza con ella). Afortunadamente esta matrona, una estudiante, era excelente y a pesar de que no hubo mucha conversa y todo fue más “acción” con ella, me sentí muy cómoda e hizo un trabajo excelente 🙂

 

De vuelta en la habitación, casi inmediatamente empecé a pujar. Al principio se me hizo difícil, porque no sentía que nada cambiara. Todo mejoró cuando ya sentí a mi bebé abriéndose camino, cuando pude sentir su cabeza presionando hacia abajo (o hacia el lado, técnicamente, ya que estaba en una posición prácticamente vertical), ahí fue una experiencia tan maravillosa, casi de placer, el sentir cómo mi cuerpo trabajaba, cómo todo era una sincronía perfecta, un proceso tan biológicamente puro y sobre el que no tenía control, pero que a la vez se sentía tan propio, tan intensamente mío. Sé que fue difícil, sé que fue intenso. Pero sinceramente no recuerdo esa parte del parto como dolorosa. Llena de inmensas e indescriptibles sensaciones, pero no dolorosa.

 

Pujé durante 50 minutos y el 23 de enero a las 09:11 de la mañana, nació nuestro Snoopy, con el cordón con una vuelta alrededor del cuello, sin complicaciones. Al verlo lo reconocí de inmediato. Él es mi hijo, siempre ha sido él y nada en él podría ser de otra forma. Era él, es él. Único. Perfecto. Maravilloso. Mío.

 

La sensación de su piel calentita contra mi cuerpo por primera vez aún la tengo pegada a la piel,  y espero que no se me olvide nunca. Recordarla es como sentir ese hilo rojo que dicen que conecta a las personas, me hace sentirme más conectada a él de lo que normalmente me siento.

 

Nuestra primera foto juntos 🙂